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Sosa y Soto necesitan hacer ajustes

(Diego Morilla)

Solo en selectas ocasiones, el nombre de fantasía elegido para una cartelera de boxeo guarda alguna relación tangible con lo que termina sucediendo en el evento en sí. Y la cartelera del sábado 7 de abril pasado en Cancún, titulada "Profecía de Campeones", puede llegar a ser una de esas ocasiones especiales.

En ella se presentaban dos campeones cabales y probados como el ex tres veces campeón Humberto Soto y el también múltiple monarca Edgar Sosa, en lo que se vislumbraban como dos combates preliminares a desafíos futuros de mayor vuelo. Pero las profecías prometidas desde el título de la velada pueden llegar a dar señales ominosas para ambos de cara a ese futuro deseado.

Claramente, Sosa (45-7, 27 KOs) tuvo el mejor desempeño de ambos, yendo de menos a más para vencer con claridad pero sin sobrarle absolutamente nada a un laborioso obrero del ring como el ex campeón de peso mínimo Wilbert Uicab (33-7-1, 18 KOs), que dio gran cuenta de sí mismo y dio una gran declaración de garra y aguante ante su público.

El púgil yucateco sorprendió a propios y ajenos al derribar a Sosa en el episodio inicial y mostrar un boxeo constante y una tremenda condición física. Hizo falta toda la astucia y la maña de Sosa para recuperarse tras ese traspié inicial, y más tarde el púgil del Distrito Federal pudo devolverle el favor a Uicab al enviarlo a las lonas en el sexto asalto. Esa caída, juntamente con el punto de descuento sufrido por una tonta falta de Uicab, fueron decisivos a la hora de tabular las tarjetas (idénticas en 114-111, siendo la nuestra de un más generoso 113-112) a favor de un Sosa que tendrá que demostrar en su siguiente compromiso si realmente ha sufrido un mal momento (aunado con el gran momento que tuvo su rival) o si los años y las repetidas guerras que ha tenido realmente le están pasando factura a su cuerpo de guerrero.

Si bien Sosa ha sido un campeón más que legítimo y sumamente talentoso, está claro que sus mejores años están quedando atrás gradualmente, y que está entrando en ese peligroso terreno en el cual un púgil sabe perfectamente lo que tiene que hacer, mientras su cuerpo sabe perfectamente que ya no puede hacerlo. Uno de los dos prevalecerá en este debate, y si bien quedó claro que Sosa tiene más de un combate de primer nivel por delante todavía, esta actuación dejó un sabor amargo entre quienes lo vieron transitar con solvencia tantos desafíos de campeonato, a pesar de haber sido parte de una generación de campeones mosca bastante mezquinos (Brian Viloria, Omar Narváez, Iván Calderón) a la hora de salir a buscar los cruces más peligrosos con otros monarcas en terrenos visitantes o neutrales. Sosa todavía tiene el talento y la condición física para ser el unificador de campeonatos de esta división (ya cuenta con una victoria sobre Viloria) y es probable que lo logre en el tiempo que le queda en la cima, si es que busca esos desafíos con mayor empeño y se entrena para estar a la altura de los mismos.

Y una mención aparte se merece Uicab, que con menores herramientas físicas y técnicas, y bastante menos experiencia, logró una actuación de gran nivel ante un campeón probado. Uicab, al igual que Orlando Salido y tantos otros púgiles que se hacen de abajo sin el respaldo de una promoción cuidadosa y protectora, tiene un boxeo arremetedor y constante que podría darle satisfacciones futuras si logra armar los combates más convenientes. A pesar de lo intenso del combate, el boxeador local aparentó tener resto físico para más, amén de un estilo que le daría serios problemas a más de un campeón en la categoría. Solo podemos desear que el destino recompense su dedicación con combates donde pueda poner a prueba su gran corazón y su buen boxeo.

Pero si bien la profecía sobre Uicab fue positiva y la de Sosa no fue del todo desalentadora a pesar de su poco brillo, está claro que el gran perdedor de la jornada fue el sinaloense Soto, quien doblegó a un voluntarioso pero indescriptiblemente pobre (en lo técnico) púgil brasileño Claudinei Lacerda (14-3, 10 KOs), en un interminable y soporífero combate a 10 asaltos en el peso welter junior.

Las tarjetas (todas idénticas en 100-90) de los jueces dan cuenta de una golpiza pareja y constante, pero lo que se vio en el ring durante esos 30 minutos de combate aportó más interrogantes que certezas. Es difícil ver a Soto como un boxeador de cuidado en la división de élite de las 140 libras, poblada de pegadores temibles y púgiles muy talentosos, después de haber tenido tantos problemas para dominar a un boxeador con tan pocos argumentos defensivos y ofensivos como Lacerda. El sudamericano lanzó golpes salvajes que lo dejaron expuestos al contragolpe continuamente, erró golpes por mucha distancia, y usó un jab que hubiese sido más efectivo a la hora de espantar moscas que de boxear, pero aún así Soto no pudo sacar ventaja de esas debilidades para lograr una actuación definitoria.

El próximo combate de Soto ante el argentino Lucas Matthysse el próximo 23 de junio (postergado desde enero pasado) puede llegar a ser bastante arduo para el mochiteco si es que se presenta en el estado físico que exhibió el pasado sábado. Lento, letárgico y casi incapaz de armar combinaciones significativas hasta pasada la mitad del pleito, Soto mejoró su record a 58 triunfos, 7 derrotas y dos empates con 34 nocauts, pero su imagen se anotó una muesca en la columna perdedora al no poder superar a un boxeador de bajísimo nivel en una pelea de mera preparación.

En definitiva, Soto necesitará hacer ajustes rápidos y efectivos para que la profecía sugerida por su rendimiento en Cancún no se cristalice, y para que así pueda volver a rendir al máximo en su importante compromiso futuro.

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